Reseña: Los Viajes de Gulliver. De Laputa a Japón, de Galic, Echegoyen y Swift

Leer una nueva adaptación libre de la novela de Jonathan Swift por todo lo nuevo que se pudiera contar. En este caso, centrado en lo que sería el tercer libro o la tercera parte de la novela, lo ocurrido entre Laputa y Japón; algo específico, centrarse en los fantásticos detalles nuevos que Galic y Echegoyen quisieran mostrar. Porque después de la visita de este señor a los legendarios y curiosos reinos de Liliput y Brobdingnag, volvió a embarcarse con rumbo incierto en una travesía que lo llevó a un lejano lugar donde llega a encontrar islotes voladores, regiones gobernadas por la tiranía, y descubre un paraíso de la sinrazón y se acerca muy mucho al secreto de inmortalidad. Una de las mejores partes del libro original, si no, la más evocadora.

Lo que os decía. Al regresar de su viaje con los Gigantes, a Lemuel Gulliver le ofrecen una nueva expedición. Su situación económica y su gusto por la aventura vencen rápidamente sus desganas y las de su esposa María. Aquí está listo para volver al mar y descubrir nuevas tierras. Por lo que ya tenemos nueva aventura entre manos para disfrutar. También os decía que esta parte está centrada en la tercera parte de la novela homónima. Lleva al héroe de Laputa a Japón pasando por Balnibarbi, Lagado, Maldonada, la isla de Glubbdubdrib y Luggnagg. En esto decidieron centrarse y les quedó de lujo a los autores Bertrand Galic y Paul Echegoyen. Y aunque este viaje es menos conocido que lo que llega a ocurrirle en Liliput, sigue siendo un viaje curioso cuando lo conoces.

Un viaje a un terreno fértil que este dúo de guionista e ilustrador exploran maravillosamente. En especial, Echegoyen que se expresa plenamente tanto durante los trayectos en el mar como en los variados escenarios por los que transita Gulliver. Su trazo preciso, en grafito y acuarela negra, le permite ofrecer láminas de gran riqueza que trascienden a un colorido suave y luminoso. La salida de Londres (página 10), las apariciones de la ciudad flotante (página 26 y 43), el jardín de Mudino (página 62), el descubrimiento de los laboratorios Lagado (páginas 67 a 71) o las escenas en los barcos ( página 86) son pinturas que se pueden admirar durante largo tiempo por su belleza.

En el guion hay menos sátira hacia la Inglaterra del siglo XVIII que en la novela de Jonathan Swift. Pero el miedo a la muerte (y su corolario, el deseo de inmortalidad), la explotación de los pueblos, la dictadura de la ciencia, la falta de atención, muchos temas encuentran un eco en estas páginas. Acostumbrado al ejercicio de adaptaciones (Cheval d’Orgueil), Bertrand Galic aporta una nueva mirada al material original y ofrece una historia fluida e inmersiva. Quizás incluso demasiado, pues el deseo de prolongar el viaje surge una vez devorado este cómic al completo recién publicado en nuestro país por Norma Editorial. El final, especialmente el pasaje de la carta, probablemente hubiera merecido una continuidad. Pero nadie nunca lo elaborará. O quizás me equivoque.

Los viajes de Gulliver: De Laputa a Japón invita a la ensoñación y al mismo tiempo ofrece una nueva aproximación a un gran clásico literario. Sumando que las ilustraciones de Echegoyen son pura delicia y potencian temas que a día de hoy siguen vigentes: pasen y vean.

J. J. Castillo nació una fría mañana de invierno en la que el murmullo del viento hizo temer al más valeroso. Enamorado de esa sensación, dedica su tiempo a escribir y leer historias que increpen el alma. En el ámbito de las letras ha ganado premios y ha colaborado con cantidad de editoriales especializadas en los tres grandes géneros.